La Biblia es más que un libro; es la voz viviente de Dios. Hebreos 4:12-13 nos recuerda que: "Sin duda, la palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios.
Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas." Y Su palabra es "una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino" (Salmo 119:105).
En la iglesia, experimentamos la voz de Dios a través de la alabanza, la adoración y la predicación de Su palabra como enseñanza. 1 Timoteo 4:2: "Predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena enseñanza."
Cada predicación y cada palabra profética nos edifica y fortalece nuestra fe. En la Iglesia, los corazones se unen en un canto de adoración, elevando nuestra conexión con YHVH. Fuimos creados para el placer de Dios, y por eso lo alabamos y adoramos con todo lo que somos.
En mi iglesia, no solo nos acercamos a Jesús, sino que también ayudamos a que otras personas lo encuentren, porque ser parte de la iglesia es ser parte de la esposa de Jesús, y aquí hacemos discípulos, servimos a Dios, y luego, cuando salimos de las reuniones, somos sal y luz en nuestro trabajo, colegio, universidad, con nuestros familiares, amigos y vecinos para darles testimonio y presentarles al único Dios verdadero a través de nuestras vidas.
Además, oramos por sanidad, por liberación, y cuando somos bautizados es como un nuevo comienzo, ¡una nueva vida!, además hay algo que me gusta mucho y es que tenemos consejería con nuestros líderes de grupo de conexión; ellos nos ayudan a redirigirnos según lo que Dios nos ha hablado en Su palabra, y lo mejor es que estamos orando juntos como iglesia, siempre apoyándonos y creciendo espiritualmente. Yo he escuchado a Dios en Sus enseñanzas y en Su palabra y créeme que muchas veces me ha confrontado por medio de situaciones del diario vivir, incluso por medio de personas que no había conocido. Pero sobre todo, me habla por medio de la música, donde he conocido más sobre Su amor por mí, y esto resuena en el anhelo de mi corazón por enamorarme más de Él.
Subraya en tu Biblia Colosenses 3:14-16.
Ahora, lee lo siguiente en voz alta y declara:
Salmo 145:
Te exaltaré, mi Dios y Rey, y alabaré tu nombre por siempre y para siempre.
Te alabaré todos los días; sí, te alabaré por siempre.
¡Grande es el Señor, el más digno de alabanza! Nadie puede medir su grandeza.
Que cada generación cuente a sus hijos de tus poderosos actos y que proclame tu poder.
Meditaré en la gloria y la majestad de tu esplendor, y en tus maravillosos milagros.
Tus obras imponentes estarán en boca de todos; proclamaré tu grandeza.
Todos contarán la historia de tu maravillosa bondad; cantarán de alegría acerca de tu justicia.
El Señor es misericordioso y compasivo, lento para enojarse y lleno de amor inagotable.
El Señor es bueno con todos; desborda compasión sobre toda su creación.
Todas tus obras te agradecerán, Señor, y tus fieles seguidores te darán alabanza.
Hablarán de la gloria de tu reino; darán ejemplos de tu poder.
Contarán de tus obras poderosas y de la majestad y la gloria de tu reinado.
Pues tu reino es un reino eterno; gobiernas de generación en generación.
El Señor siempre cumple sus promesas; es bondadoso en todo lo que hace.
El Señor ayuda a los caídos y levanta a los que están agobiados por sus cargas.
Los ojos de todos buscan en ti la esperanza; les das su alimento según la necesidad.
Cuando abres tu mano, sacias el hambre y la sed de todo ser viviente.
El Señor es justo en todo lo que hace; está lleno de bondad.
El Señor está cerca de todos los que lo invocan, sí, de todos los que lo invocan de verdad.
Él concede los deseos de los que le temen; oye sus gritos de auxilio y los rescata.
El Señor protege a todos los que lo aman, pero destruye a los perversos.
Alabaré al Señor, y que todo el mundo bendiga su santo nombre por siempre y para siempre.
¡Amén!