Declaraciones: La Oración de los Abuelos



Este es uno de los grandes testimonios de Elías y Anadelia una pareja de abuelos cristianos con 50 años de matrimonio que viven en una tranquila casa a las afueras de la ciudad.

Una tarde, su hijo Ricardo los visitó con su esposa y sus dos hijos, se veían un poco cansados y tristes y aunque intentaron ocultarlo, los abuelos se dieron cuenta.


—¿Cómo han estado? —preguntó la abuelita Anadelia, con su dulce intuición maternal.


Ricardo y su esposa Nicole, intentando no preocuparlos, respondieron: —Todo está muy bien, solo estamos un poco cansados por el viaje.


Después de un rato de bienvenida y un rico almuerzo familiar, los abuelos se sentaron en su sala favorita, se tomaron de las manos y comenzaron a orar. Ellos conocían el poder de la oración para que el Espíritu Santo les diera discernimiento.


El abuelito Elías, con voz llena de autoridad, exclamó:


—Señor, te alabamos y te damos gracias por tu infinita bondad y por ser nuestro Dios, tu eres santo, fiel, poderoso y digno de toda gloria y alabanza, y hoy nos presentamos delante de Ti con corazones agradecidos por tu amor eterno y tu misericordia que nunca falla, perdónanos por todos los pecados que hemos cometido hasta este momento y permítenos entrar a tus atrios confiadamente con acción de gracias, manos limpias y corazones puros. 

Señor, yo sé que tus promesas son eternas y por esto, declaramos que en esta familia no nos faltará ni tu gran amor, ni tu misericordia, pues tu palabra dice que nuestro Dios suplirá todo lo que nos falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 

Amado Dios, por amor a tu nombre declaro paz y bendición sobre mi hijo Ricardo y su esposa, también bendigo a mis nietos, pidiéndote, Señor, que los protejas en todo tiempo y todo lugar, por favor defenderlos para que sean libres de todo espíritu de opresión y que las cadenas se rompan ahora mismo en el Poderoso y Glorioso Nombre de Jesús. Amén. (Filipenses 4:19-20).


La abuelita Anadelia, con una fe inquebrantable, añadió:


—Padre, tú nos has dado autoridad y sabemos que tu Palabra no regresa vacía, creemos que así como tus cielos son más altos que la tierra, tus caminos y pensamientos son más altos que los nuestros, y confiamos en que Tú, Señor, estás en control de cada situación que te entregamos. Con la autoridad que nos has dado, rompemos toda mentira de miedo y desesperanza en el Nombre de Jesús nuestro Señor, bajo la comunión con el Espíritu Santo, proclamamos que la paz del Señor, que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestras mentes y nuestros corazones por siempre. ¡Amén!


Ricardo los escuchó y comenzó a llorar. Luego, les contó lo que ocurría; les dijo que ellos estaban luchando con deudas financieras y que su hijo mayor, David, mostraba síntomas de ansiedad y depresión.


Sus padres lo abrazaron, y Elías, con voz firme, comenzó a orar por él:


—Señor, en el nombre de Jesús, levantamos a nuestro hijo Ricardo y a su familia y declaramos que todo yugo de deuda financiera se rompe en el Nombre de nuestro Señor Jesús, porque Tú eres nuestro Proveedor. Por favor ayúdalo a ser libre y a recordar que ningún préstamo es necesario, porque Tú suplirás todas sus necesidades conforme a Tus riquezas en gloria, dale sabiduría para ser mayordomo de lo que te pertenece solo a Ti, amado Señor y por favor envíanos ángeles celestiales y custodios para nuestra ministración y ayuda. 


Anadelia, con sus ojos cerrados y su voz tierna, pero firme, continuó:


—Padre, oramos también por nuestro nieto David. Sabemos que has puesto en él una vida llena de propósito y por esto declaramos que su mente es libre de toda ansiedad y depresión, porque Tú le has dado un cuerpo sano y lleno de vitalidad y paz el Nombre de nuestro Señor Jesús.


Por algunos días, los abuelos continuaron orando, reprendiendo al enemigo y declarando con fe la voluntad de Dios en cada uno de ellos. Su familia también oraba y buscaba a Dios en su lugar secreto, y entonces, sus oraciones y declaraciones habían dado fruto, porque Ricardo encontró una solución inesperada para reorganizar sus finanzas. Fue en su trabajo, donde le asignaron un proyecto que no solo le dio un propósito renovado, sino que también le otorgo un bono considerable y entonces reconoció que lo que antes era imposible, de pronto se manifestó con claridad, porque la intervención de Dios era innegable y no necesitó pedir más préstamos; con Su ayuda, pagó cada deuda y alcanzó la libertad financiera reconociendo a Dios en todos sus caminos.


Mientras tanto, David dejó atrás su actitud apática, poco a poco, comenzó a sonreír más, a hablar más con sus padres, a jugar con su hermanita Sara y hasta regresó a la iglesia integrándose a su grupo de jóvenes.


Una tarde, después de jugar en el jardín, su abuelo Elías se acercó a él y le dijo: —David, me encanta verte sonreír y jugar.


David, con una sonrisa genuina, respondió: —Es que ya no siento esa tristeza, abuelo. ¡Me siento bien! El otro día me desperté sin ese gran peso en el pecho... Es como si algo hubiera cambiado.


Al final, la familia se reunió nuevamente en la casa de los abuelos, esta vez llenos de alegría, para orar con gratitud y alabanza, compartiendo los testimonios que glorificaban el nombre de Jesús.


Sus oraciones y declaraciones habían dado fruto, y el hogar de Ricardo volvió a llenarse de paz, prosperidad, sabiduría y, sobre todo, fueron llenos del amor de Dios para ayudar a otros que están pasando por lo mismo que ellos vivieron.


AUTOR: DIATHY EN ÉL CAMINO